Nueva York, una ciudad donde puede uno toparse con una silla de ruedas atada con candado a una farola.
Han pasado dos semanas desde mi llegada, y poco a poco he ido conquistando un cierto confort. Por ejemplo, el cepillo de dientes eléctrico que me compré en Bed, Bath and Beyond (el nombre lo dice todo). Es que tuve que dejar mi amado Oral B en Bruselas por el tema de la corriente de 110V.
Mi casera, Gina, azafata jubilada de Delta Airlines, me despertó el otro día con la noticia de que teníamos un ratón en la casa. Aacto seguido se fue a pasar el fin de semana a una granja orgánica y me dejó a mi con mi orgánico compañero de piso. Al segundo día dejé de oír ruidos (pena porque me hacían compañía) y lo encontré pegado en la tira adhesiva de una de las trampas. Estuve un día conviviendo con un ratón enganchado a una tira de celo sin saber si estaba muerto o no, hasta que armé el valor para tirarlo a la basura.
Pues pasemos revista al resto de mi vida en Nueva York desde que llegué.
De momento, mi vida consiste en encontrar un piso, tarea nada fácil en esta ciudad. Poco a poco se va una enterando de cómo funcionan las cosas. La mitad de la población de Manhattan vive en pisos que se asemejan peligrosamente al Ibis Hotel. Edificios de tamaño variable, pero nunca con menos de 40 pisos por planta, ni de 40 plantas por edificio, y donde cada unidad de vivienda es exactamente igual a la siguiente.
Imaginaros un pasillo como el de El Resplandor, con una moquetilla rancia, una luz mortecina, y una hilera interminable de puertas tras las cuales hay siempre: un living con cocina americana, una habitación con armario empotrado, y un baño.
Varía la calidad de los acabados: desde cutre conglomerado con chapa blanca hasta granito, desde plástico blanco hasta acero inoxidable. Con una lavadora por planta y, en los edificios de lujo, el desayuno gratis, el gimnasio in-house, y la clase de aerobic a las diez para "residentes". Vamos, como un club de vacaciones. Sin olvidar la guardería y la lounge para socializar con los otros inquilinos. Pensé que podría acostumbrarme, pero tengo mis dudas. Sigo buscando un pisito NORMAL, pero parece que el concepto de normal es relativo. Vamos, que la gente se asombra de que no quiera vivir en un piso con portero de librea 24 horas.
Estoy tratando de averiguar cómo alquilar un piso en una casa como las de las películas, con escaleritas en la puerta y fachada de piedra marrón, pero parece ser el secreto mejor guardado de la ciudad. Ni los agentes inmobiliarios ni los sitios de anuncios parecen tener una cartera de productos como el que yo ando buscando.
Por lo demás, en la ONU bien, gracias. Y la vida social también. Pero eso lo dejo para otro día.
Good night, and good luck.
c
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Schätzchen, tu solltest wirklich ein Buch schreiben .... Alles Liebe, Suzanne
ResponderSuprimirÁnimo mirellita. Por aquí la Espe no parará hasta cargarse el excelente sistema sanitario madrileño. Si por lo menos tuviéramos a Obama. Por cierto, ya nos contarás algo más de él... con lo sexy que baila, mmmm...
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